sábado, 15 de marzo de 2014

La historia que todos tienen

Nos encargamos de desgastar nuestros labios, de dejar que cualquiera los bese porque sí. Todos vivimos esa etapa que a veces cansa. Pero también vivimos todos la etapa en la que encontramos una persona idónea para que los desgaste una y otra vez, que los inflame, se hinchen y si de pasión se puede, se desgarren. Encontramos a la persona adecuada para que los bese día tras día. Nos dejamos la piel porque un beso signifique mil te quieros, vivimos la historia de nuestra vida, con principio de telenovela y si cabe de película de la infancia. Sonreímos con caras de bobos y lloramos como magdalenas con la pequeña y absurda pelea que creíste que nunca tendrías. Nos ilusionamos y nos crecemos creando la rutina que ninguna pareja desea pero que todas tienen. La historia vivida que año tras año el mundo califica como la de nunca acabar, la historia de nuestras vidas, la de los para siempre.

Más tarde viene la habituación, la pequeña pelea que al principio nos hizo llorar y que hoy solo nos enfurece, porque no ha cambiado, sigue siendo la misma cosa absurda que no debe dar lugar a la discusión. Nos sensibilizamos ante la presencia de nuevas personas, que nunca nos hubiesen llamado la atención si no fuese por la tontería de siempre. Lo peor de la sensibilización en estos casos es que esa nueva persona es muy semejante en ciertos aspectos a la anterior, a la de nuestra historia de cine. Intentamos no caer y nos volvemos a centrar en resolver el problema para volver al comienzo de todo.

Empiezan las rupturas, las idas y las venidas, las inesperadas, los llantos frecuentes, y los corazones rotos. Nos damos cuenta de que la historia de película se ha convertido en un infierno en el que pises el suelo que pises te vas a quemar con toda probabilidad, y aquí comienza el dilema.

Noches de pensamientos saltígrados que ni una almohada soporta. Pensamientos saltígrados que si no aclaras te vuelven loca o te matan.

Pero lo que debe estar claro aquí es cuestionable para cada uno. ¿Puede arreglarse algo que poco a poco se ha roto? ¿El jarrón que se nos cayó de las manos en un momento determinado tiene solución, o es mejor tirarlo a la basura? ¿Merece la pena volver a la parte de desgastar los labios, o tenemos simplemente que aclararnos sobre que queremos y que no?
Algo está claro, y es común para todos. Si algo quieres, ve a por ello. Pero por favor, intentemos pensar que no es bueno dejar recovecos abiertos por el camino, porque esos son los que después, queramos o no, tenemos que cerrar.

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